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11月19日 PufffPara tener la soberbia de querer decir algo,
hay que saber que se quiere contar,
no es pues escribir al tun-tun como un servidor.
Estoy cansado de poetas
mentirosos de palabras, que yo,
con una sola palabra de mi entera chuleria
seria capaz de decir.
Iros a la mierda.
Justos y pecadores.
La cultura no es sapiencia
leer no ayuda
y sobretodo leer mas a Shakespeare
y menos a Bukowski, que estamos hasta los cojones
de infancias sin amor,
novios nocivos,
y recuerdos magnificados por nuestra estupida memoria.
Menos culteretismo
menos seres prosaicos heroicos epicos
y que se diga algo mas concreto.
Dios... 11月8日 Así... Al azar. (Parte III)XXI
Un día, estuve tan triste Que no cabían más caricias En el peto
Un día, estuve tan triste Que las fotos parecían llorar Cuando las caras reían
Un día, estuve tan triste Que ya nada salía por mi boca Solo silencio
Un día, estuve tan triste Que andaba mi sombra cerca de mí Y ella sí lloraba.
Un día, estuve tan triste Que me cansé de estar triste Y la máscara se desencajó de mi cara.
Tenía otras caras. Al fin. Un día, de esos, que estuve tan triste, Me encontré con la miseria
De estar sólo Y decidí, entre otras caras, Estar feliz. Para probar.
XXII
No lo entendía. Yo caminaba por la calle. Llevaba quizás Cuatro kilos de auto-flagelación Andaba rápido o lento
Caminaba por una calle empedrada Sin hablar de nada Y los ecos de nuestras voces resonaban Ese día me encontré
Con las cucarachas seductoras Con las hormigas risueñas, Con los gusanos de seda débil Con las arañas lloricas que me llevaron
A sus telas de araña, Y yo como un autómata Pobretón y sin límites, Con mi capacidad para llorarme,
Me entretenía en estar sin pensar Con algunos kilos de vidrio de más O con telas de látex Me encontré de repente
Sentando, en un sofá Sin cojín para el culo, Con olor a mierda resbaladiza, Del baño, con la puerta desencajada
Y no entendía como podía estar ahí, En el máximo esplendor de lo más bajo, Y encima superficial, Llorica, lamentándome. Poeta maldito del XXI.
No estaba maldito No tenía alergia a la absenta Ni me separé a la rivera de un río Ni siquiera era (soy) poeta.
No lo entendía, o no quería Entenderlo. Y señores, cuando mi amor, Me dijo artificial
Lo entendí todo. Yo criaba chupa-sangres En el frigorífico Y metía escolopendras
En cloroformo Metía mis manos en cera Para no tocar nada Y debajo, mis células
Se asfixiaban gritándome Que debía entender Que querían saber Por que todo ese néctar
De mis palabras De mis labios Que la miel que era capaz De generar, se pudría
Y se gastaba en las alcantarillas De los que chupaban Hasta dejarme seco Hasta no tener palabras dulces
Para nadie Hasta que los sueños De los demás dejaron de importarme Y me miré al espejo
Y Lloré. Lloré con lágrimas secas Con mis gritos en silencio Y mi cariño febril
Desperdiciado Y escuché de nuevo A mi sangre tocar el piano Y noté el retorno de mi corazón
Bombear para abrazarme. Esa noche; mi presentadora oficial. Pude ver a mis zapatillas vacías Descansar en el rellano de tu sofá
Y escribir sin palabras Una historia de brillos De lágrimas que no quiero que me abandonen Que me abandones.
Y una lenta música de piano Me comió Y mis labios se apretaron Por que no quería llorar
No. Y mis manos buscaban tocar mi nuca Mi frente. Y mis ojos se apretaron Para no dejar escapar Otro lamento fútil más.
No quería que fuera lo mismo. Llorar para nada. Mis músculos se agarrotaron Y mi corazón latió fuerte.
Estaba sentado, con fiebre A punto de desfallecer Cuando una trompeta con sordina Me desmonto.
Desmontando a Miguel. Y caí. Y en vez de llegar al suelo Y estamparme
Volé, hasta tocar las nubes Hasta dormir en tu cabello Hasta dejarme sentir Relajarme y así descansarme.
Me llevaste a tu casa. Y yo descubrí mi casa. Sin paredes, sin angustia. Sin luces artificiales.
Sin excesos. Y me diste lo que tú querías Y lo que yo necesitaba Amor. Tanto amor, que no cabe
Descubrirlo Por que se perdería El significado. Después de todo, te lo digo al oído.
Y lo entendemos.
XXIII
Rompí a llorar Y las lágrimas eran cristales Y las palabras como navajas Me afeitaban los pelos de la lengua
Me dolió tanto llorar Ese día Que me cosí los conductos Y los ojos se me hincharon
El alarido era tan fuerte Que era sordo Y me dejó sordo El silencio de mis cuerdas vocales
Los falsos poemas con tinta china Se desparramaron por el folio Y una mácula me ahogo Y sólo me apetecía morder mantas.
Cuanta mala sangre borboteaba Por mi interior. Tanta, que lloré Litros de letras azules Sudé por dentro
Me corté el pelo (…)
XXIV
Estrellas, estrellitas Que me acercáis a mis sueños Me cuidáis la mía cabeza Dormís al bruto
Al señor, al viandante Al ogro y al puerco. Estrellas, estrellitas Que veo
Y del tiempo que hace que no miro Pero que me seguís cuidando. Alguna noche Levanto, harto, la cabeza
Y me conectáis con el universo Lento… Sutil… Suave…
XXV
Hay una persona en mí La escucho Y parece que va a reventar Esperando el momento Para saltar sobre la orgía Latente del entorno. Supuran sus palabras Verdaderas Pero son ciertas Y limpias, tienen tanto que decir Al ambiente hostil. Las palabras se descomponen En mi boca Quedan sepultadas bajo mi lengua son ásperas y me hieren. Y todo por no dañar A lo que hay fuera. Y todo por miedo A lo que hay fuera. Y todo por excusar A lo que hay fuera. Así... Al azar (Parte II)XI
Soy el que moja las fotos, El que vuela utilizando muelles de plástico Soy el que lleva a las putas abrigos De cuero rojo.
Soy el que conduce un helicóptero En mitad de pantanos escondidos Por bahías perdidas y ruinas romanas. Soy el que compra a los niños.
Al que le roban el coche de su padre, Al que una diosa de ébano le pide acostarse con él y le dice que no, -que esta enamorado.
Soy el que olvida con facilidad Y el que recupera con más facilidad aún El de los extremos del corazón El perdedor de sueños sin luchar.
El cabizbajo, el callado, El que para hacer reír, prefiere eructar El que te pinta con la mano El que te hace la ola al llegar.
XII
Una palabra tuya remueve mi tierra. Una que silba y se escurre hasta mis oídos. Cualquier título que se te ocurra Oda a un idiota, Poema al ángel caído
XIII
Y lloró. Se derramó tanto en las esquinas Que las cucarachas le denunciaron por hacer humedades, Y sus manos se tatuaron en surcos de las lágrimas, Y estas mismas desteñían su cabello azabache en pelo grisáceo
Las manecillas descolgadas anclaron el tiempo Las uñas de sus pies se clavaron en el suelo Su barba de tres días se hizo, lenta, de cinco Y en la tele un señor regalaba parejas. Mintió.
No le llamaron para saber nada. Su búsqueda no ofrecía apenas unas anécdotas Su saber era firme pero limitado Se dio cuenta, que cuando más aprendió
Fue cuando se quebró al tocar A la persona deseada.
XIV
Te va a destrozar No lo sabes Tu barriga urdirá un plan Para cuando ella no esté,
Te dé gastroenteritis O algún efluvio interno Sintomático de infección De urea, heces o piojos.
Te va a desmembrar Desayunara tu corazón al queso azul Se duchara con tu sangre Y partirá vestida con tu piel.
Tus poemas serán suyos o sobre ella Tus dedicatorias saldrán por ti Cualquier pequeño avance suyo Será lo que a ti te matará poco a poco.
Ella sonríe, se acuesta a tu lado Le seduce tu cabeza llena de conocimientos Y ella, tan etérea, tan frágil, bailarina y actriz Arquitecto y huérfana de padre
Te da tanta ternura que pisas por donde pasa Y besas por donde pisa, y la llenas de besos Mientras ella chupetea tu codo, quitando con la lengua Los últimos trozos de carne que restaban.
Cuando te quieras dar cuenta Sonreirás, como un pazguato, Con tu esqueleto sujetando tu cabeza aceitosa Mientras la puerta se cierra con un “me voy”.
XV
Cuando Dafne se enamoró
Dejó que su tierna corteza fuera el bello suave y fino Sus hojas ocuparon toda la instancia como un otoño de cabellos Las ramas abrazaron al pájaro en llamas Y los pies trepaban para acercarse a los labios.
Atrapó a su objeto de deseo y se transformo de nuevo en árbol.
XVI
Me mordéis, os restregáis con mi sangre, Sacáis el más horrísono aullido Que sale como un hilillo estertor Que retumba en mis pulmones Y se queda en la garganta. Rompedme mi talón de Aquiles Rompédmelo imberbes calvos inmaduros Y chupad esa sangre ennegrecida Vedme como caigo al suelo, solo Como rezumo tristeza Como me callo y me desangro Y como de repente sale sangre roja Dulce y líquida y me rehago Me levanto y elevo No sobre vosotros Si no a vuestra altura Sonrío y marcho Sin odio y sin rencor Me voy en silencio Mientras os rasgáis las vestiduras Por un trozo de carne de mi talón Como os atacáis por el trozo roto Uno de los últimos resquicios Del pasado, de ese montón Que ya he limpiado. Creo que hay otros lugares en que se acumulan Pero ya me encargare de ellos Ahora ya no miro para atrás Ni por encima Ni siquiera de reojo Ahora sólo acumuláis Laicos pensamientos Moralistas, bocazas Verdes, insensibles Pedantes y silenciosos Socarrones inauditos Voces que solo escuchan una voz Su propia voz Que no única No me saquéis, ni me maltratéis Da igual. Ya casi lo que rodea Ese lugar esta lleno de buitres y urracas Con formas humanas Rotos y rotas en cinco partes El ego, su yo, súper-yo, mi mismo y mi ego. Rotas, rotas, rotísimas. Adeu-
XVII
Saqué algo con sarna Te lo tire a la cara Y no lo sentiste Estúpida retrasada Lo saqué del bolsillo Escondida en el puño Y te lo lance con mala cara. Después me dijiste Que es eso Que me has tirado, capullo Y te dije Es amor, que para ti No vale nada Para ti vale el dinero Lo que pago y recibo El entierro de solo te tengo a ti Y tu retraso.
XVIII
Las exigencias del guión me exigen Volver a ser lo que era, Tengo un obstáculo epistemológico Y quizás es miedo a no saber Que hay detrás del salto al vacío. Pero entonces tu cara se asoma Y me sonríe Y no me da miedo saltar.
XIX
Como decía Sabina esta “fabrica de tristezas” Me obliga - Comer seis lexatines al día Para cuando me invada la ansiedad Pensar que no importa tanto.
Me obliga- para dormir y disfrutar el aquí Y el ahora: diazepam raciones Nocturnas de media pastilla Cada cuatro horas.
Me obliga - no descansar Tarde tras tarde Y antes de cada sesión Llamar al Samur por el desmayo.
Me obliga – Suicidarme en sesiones De cuarenta y cinco minutos Semanales. Matar a los padres Mientras me mino por dentro.
Me obliga – A sentir lo desconocido Una y otra vez, formando Poco a poco un dolor somático En la parte derecha.
Todavía no conozco De esta fábrica de tristezas Una sola razón Que me haga dudar.
Moribundos, drogadictos, Hipócritas, masoquistas, Sádicos, enfermedad venérea Era todos. Los era. En realidad.
Ahora sólo estoy descafeinado.
XX
Las palabras me abrieron las puertas De la boca. Sin mucho esfuerzo Se fueron descolgando por el labio Hasta llegar a la nuez y acampar ahí.
Formaron un campamento Hicieron fuego, clavaron anclajes Y colgaron su ropa al viento Que genero el caminar diario.
Poco a poco formaron una civilización Pequeña y sutil. Fueron adoptando otras Palabras que se descolgaban de las bocas De los demás. De diferentes razas
De diferentes fonaciones, frases enteras Y nexos únicos. Un lugar donde la gente Se alargaba y se encogía Crecían en las vocales y se encorvan en los hiatos.
Un día, en esos ropajes al que ondeaban al viento Subí a conocer el campamento de mi madre. Pero ella no tenía nada más que marcas de fuego. Sólo veía bombear un chorro de circulación.
Me dijo, como es ella, dulcemente Que había guardado todo su campamento En una carta en el buró de mi padre. También me invitó a leerla.
Allí, tras las capas de pintura blanca desconchada Debajo del cristal, punto detallista, Una delgada línea de polvo, que mi campamento Hace desaparecer moviendo los puntos de las ies.
Después de descorchar la carta Vi todas las letras que se habían descolgado de su garganta Todos sus sueños, todas sus lágrimas, Su amor, su afecto y su necesidad
Su sacrificio, su felicidad y su ira, Las personas que amo, A las que odio Dibujadas en letras
Rellenando de significado Las palabras más pequeñas: Hijo, hermano, silencio, Amor. Te quiero.
Tú tienes un nudo en los ojos enredados en mí Yo enlazado, prendido en tus redes, Entretejido en tus venas Entretenido con tus ¡¡mimos, mimos, mimos!!
Revuelto, inquieto e incluso aturdido. Soy un bulto sospechoso Agarrado como un koala Y defendido para que no te des cuenta.
Señorita mía… Soy suyo. Soy tuyo. Solo. Así... Al azar Parte I
I
Risa... que ya no sales Lengua que cuelgas Entre el abatimiento del último cigarro Y la sorna del paso
Tu sombra, es mas rápida que tu Tira de tus pasos Ya que tienes alma de asno viejo Y unos párpados sin sangre
Buscas en las fotos Unos labios que se marquen. ¿Te acuerdas como tus besos Se tatuaban en mi piel?
Ahora dejas las grietas de tus labios En la cama, como huellas en cemento Y por mucho que las riegues O las llenes de lágrimas, no desaparecen.
Tardaste demasiado en posar En abatir el molde que te hacia vieja Punzar los poros de l tegumento hueco Anclado lentamente por el tiempo.
Ya dije, en tu alma inquieta, Que era, tu sonrisa, Y tus dedos, cosa Del pasado.
II
Lo único seguro que tengo es el suelo Lo que puede sujetar mis pies Y lo que me ancla a la tierra
Para ofrecerte no tengo nada más Ni mis palabras, ni unos míseros versos Ni manos que transparenten mi sangre
Lo único seguro que tengo es el suelo Que me sujeta Por que rodeado estoy en un mar
De lágrimas por la perdida de la juventud Por el siniestro oscurecer de las mentiras Que salen de los labios trémulos, tenues
Insípidos y laxos. El sol se esconde en la tierra Y los orificios entre las nubes brillan Hasta que ya no hay sol
Hasta que este se estrella contra la tierra Hasta que el temblor del mundo No cabe siquiera en mi boca
Y mis dientes caen retorciéndose doloridos Desesperados, aullando una respuesta Ante lo desquiciado y anodino
Lo único seguro, Es el suelo, la tierra, Que me sujeta y me siento ingrávido
Como sacando de los bolsillos Las bolsas de plomo dolorido Y despegándome de lo hediondo de la tierra.
III
Me aburres Tanto como los besos Como la espera al ticket Que me llevara al nuevo turno
A esperar al siguiente Me aburres Con tus estrategias para que te vea Lo sufridora que eres
Tengo la sensación de que aburres Al aburrido de naturaleza E intentas romper esa muralla De terror a no sentir
Tras todas esas lagrimas que te dices Que si tu corazón derrama demasiado Que si tu escritura llena de sangre Inundaría los ríos mas grandes
Tal es mi abatimiento ante la vacuidad De ti, de tu piel, de tus erizos como vellos De la picaresca arpía con veneno por arma Que este es el ultimo poema que te escribo.
IV
Oye, tu, donde están los clavos que me dijiste A los que te agarrabas languideciendo Y tu lengua se quemaba Sin apenas rozar la vida?
Dime, en cuantos intentos quisiste tocarme Cuantos descansos entre tiempo y tiempo Te diste para que me diera cuenta Que rabia o pasión te movió para estar inmóvil?
Quisiera saber por un segundo de mi vida Si sacrificaste el artificio en rededor mia Para hacerme entender Lo curioso del latir libre?
Eso, y si vaciaste las almas de tu pasado Si cortaste enredaderas de palabras O te acostumbraste a este estado De gastarte tras la calima del silencio
Dentro de tu coche, o de tu casa, Tras de miles de copas y cigarros Que consumiste sin ninguna piedad Anclada al humo de mi tubo de escape
Que mirabas desde lejos, Como en una ciudad Llena de velas Que se apagan al anochecer
Si cambiaste la piel Por una piel mas frágil Casi débil Casi estéril, casi humana?
Si te diste cuenta Como las manos se mancillaban Intentando atrapar tus gritos desolados Tus lagrimas funestas
Como las enlazaba en mis besos Y se me escapaban entre los dedos Y como mi corazón se hundía Tras verlos acudir al cielo
Y mirarme desde arriba Como el segundo postre O el tercer plato De tus desorbitadas exigencias.
Casi escribes un poema de adiós Casi tiraste la toalla Casi pecaste de ingenuidad Casi me aireaste por el desagüe
Casi me dejaste caer rodando Casi me tapaste con el cubo de basura Casi me obsesione con la cuerda del tendedero Casi me voy por los dedos
Casi te ausculto el cansancio Casi te martirizo el chacra terrenal Casi te escucho entre los hilos de mi cabeza Casi dejo de plantar canela
Señora mía, aquí me quedo. A tu lado, y sin miedo.
V
Quede un cuarto de hora sin estar aquí Coleteando con la lengua en la lluvia Jugué a mirar el reloj
Me enganche al vértice de la manecilla Y, distraído, un escalofrío me hundió El costado al sentir tu voz
O un principio de ella Con un tono peculiar, casi insomne Susurrando en mi lóbulo
“Un día de estos voy a reventar De quererte tanto De soñarte a todas horas.”
VI
No es la caída del pelo Lo que te delata. La osadía, la tentación joven La virguería verborreica
Tu comisura que se alarga La liana de tus labios Donde los vómitos Te salen en forma de piropo
“Quiero desayunar tus dedos” “Jugamos a que te busco a oscuras” “Bésame hasta luna llena” o mi preferido “ Te quiero”
Panzón y seductor, Con valentía Filosofeando Cual sofista cabreado.
Señor mío: Tus delitos Son delatados Por las sonrisas enlatadas Y tus ojos de látex almidonado.
VII
Yo, que iba para poeta maldito, Para fracasado vomitando en el baño Que ya me hacia abrazando farolas
Llorando en un descampado Mientras una muchedumbre me echaba A veces piedras Y otras comidas.
Yo, el que era exclusivamente yo, Arrastrando el alma Y sanando mis pies Corriendo muchas veces por correr.
Yo, que me guardaba el corazón Detrás del tórax Que insuflaba bolsas blanquecinas Y fumaba a paquete por diente
Yo, digo, el incomprendido Salido de las catacumbas del dolor Acusado, minado, vilipendiado Asesinado, vampirizado, enloquecido
Yo, que sentía más que cualquier humano Mas instintivo que un bebé Con tantas corazas y miedos, Tantos surcos en la piel y los ojos,
Piojo, analfabeto, yonqui, Asediado por los fuertes, Criticado por envidiosos, Perdido en montañas de mujeres.
Yo, ESE, el grande, Me pongo frente al espejo Cogido por dos manitas pequeñas Y unos labios que me dicen :
Tú-no-e-res-a-sí Ni poeta, ni acróbata Ni pernoctador Ni enfermo. Déjate de tonterías.
VIII
Un clavo saca otro clavo Aunque yo no lo tenga, Te lo pido Por si tienes uno de reserva.
IX
Quieres tocar fondo. Se que quieres. Los trozos de pizza frío A las seis de la tarde
Beethoven de fondo Mientras se te cierran los párpados La mandíbula se encaja Y las paredes se oscurecen
Se que quieres Dejar de ver tele anuncios Sacudirte las pocas neuronas De polvo que roen tus huesos
O que el ruido en tu cabeza Deje de taladrar tu cerebro Y que tus venas bombeen sangre. Pero quieres tocar fondo
Que te asfixien las dudas Los miedos, los cojones, La mediocridad Que te bajen a las minas
Lloriquear por el amor perdido Beber hasta no poder más Ser un insondable ser característico Recordado, mugriento, perdido.
Quieres ser un puzzle Quizás un skecht De la vida es teatro. Un número y reconocerlo.
Se que quieres Tocar fondo. Aunque se que quieres Lo que realmente quieres
Es querer
X
Anoche se me caían los dientes Mientras el humo del cigarro acariciaba mis labios. En principio nadie se dio cuenta Solo yo, que supe disimular.
Una muela se descolgó con sed de libertad Flirteó pesada sobre mis manos Hasta que pude esconderla.
Seguía fumando, y oía a mis compañeros farfullar, Entre dientes, palabras que vagamente intuía Preocupado más por mi sonrisa, que por su lengua. Rocé con un dedo y apretando los dientes
Aquel que no esta hermanado, el que sale de lo establecido Que busca libertad. Apenas hubo un mísero segundo de contacto Cuando se abalanzó suicida al suelo sin hacer ruido.
Lo atrape con el dedo gordo, cogido fuerte, para que nadie lo viera, Pero el visor de cámara ya lo había hecho. Sin permiso me volé al baño. ¿Qué demonios pasa, joder?
Otra muela se arrojó sin agarradera al baño, Se lanzaban una detrás de otra: cuatro, cinco, siete Algún incisivo y tres caninos.
Se escapaban entre mis dedos, Huían por el desagüe Alcanzaban el agujero negro, dejando otro detrás. No pude sostener más que tres muelas.
Veinte dientes. Veinte perlas amarillas me abandonaron Y los otros, mugrientos, con sangre y sarro, se pudrían. Sonreí ante el espejo. Dios. Creo que por última vez.
La Latina (I)Puede que ya sea hora , querido mio,
de que dejes de apestar
con tus alientos alienados
nuestro ambiente.
Ya es hora querida sombra
mía de que te canses
de seguirme y agotarte
preguntando por que el sol
me da de cara
y tu te ensombreces
te vuelves gris
y te mueres lentamente.
Puedes, con tu corazón,
dejar de bombear terror anodino
y empezar a sonreir.
Ni frases, ni charlas,
ni ponerte limites, ni pollas en vinagre.
Es hora de que comas y dejes comer.
Basta. Que algunos estamos cansados
de que lo etereo pese,
pese a su inoperancia visceral.
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