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日志


11月19日

Pufff

 
Para tener la soberbia de querer decir algo,
hay que saber que se quiere contar,
no es pues escribir al tun-tun como un servidor.
 
Estoy cansado de poetas
mentirosos de palabras, que yo,
con una sola palabra de mi entera chuleria
 
seria capaz de decir.
Iros a la mierda.
Justos y pecadores.
 
La cultura no es sapiencia
leer no ayuda
y sobretodo leer mas a Shakespeare
 
y menos a Bukowski, que estamos hasta los cojones
de infancias sin amor,
novios nocivos,
y recuerdos magnificados por nuestra estupida memoria.
 
Menos culteretismo
menos seres prosaicos heroicos epicos
y que se diga algo mas concreto.
 
Dios...
11月8日

Así... Al azar. (Parte III)

XXI

 

Un día, estuve tan triste

Que no cabían más caricias

En el peto

 

Un día, estuve tan triste

Que las fotos parecían llorar

Cuando las caras reían

 

Un día, estuve tan triste

Que ya nada salía por mi boca

Solo silencio

 

Un día, estuve tan triste

Que andaba mi sombra cerca de mí

Y ella sí lloraba.

 

Un día, estuve tan triste

Que me cansé de estar triste

Y la máscara se desencajó de mi cara.

 

Tenía otras caras. Al fin.

Un día, de esos, que estuve tan triste,

Me encontré con la miseria

 

De estar sólo

Y decidí, entre otras caras,

Estar feliz. Para probar.

 

XXII

 

No lo entendía.

Yo caminaba por la calle. Llevaba quizás

Cuatro kilos de auto-flagelación

Andaba rápido o lento

 

Caminaba por una calle empedrada

Sin hablar de nada

Y los ecos de nuestras voces resonaban

Ese día me encontré

 

Con las cucarachas seductoras

Con las hormigas risueñas,

Con los gusanos de seda débil

Con las arañas lloricas que me llevaron

 

A sus telas de araña,

Y yo como un autómata

Pobretón y sin límites,

Con mi capacidad para llorarme,

 

Me entretenía en estar sin pensar

Con algunos kilos de vidrio de más

O con telas de látex

Me encontré de repente

 

Sentando, en un sofá

Sin cojín para el culo,

Con olor a mierda resbaladiza,

Del baño, con la puerta desencajada

 

Y no entendía como podía estar ahí,

En el máximo esplendor de lo más bajo,

Y encima superficial,

Llorica, lamentándome. Poeta maldito del XXI.

 

No estaba maldito

No tenía alergia a la absenta

Ni me separé a la rivera de un río

Ni siquiera era (soy) poeta.

 

No lo entendía, o no quería

Entenderlo.

Y señores, cuando mi amor,

Me dijo artificial

 

Lo entendí todo.

Yo criaba chupa-sangres

En el frigorífico

Y metía escolopendras

 

En cloroformo

Metía mis manos en cera

Para no tocar nada

Y debajo, mis células

 

Se asfixiaban gritándome

Que debía entender

Que querían saber

Por que todo ese néctar

 

De mis palabras

De mis labios

Que la miel que era capaz

De generar, se pudría

 

Y se gastaba en las alcantarillas

De los que chupaban

Hasta dejarme seco

Hasta no tener palabras dulces

 

Para nadie

Hasta que los sueños

De los demás dejaron de importarme

Y me miré al espejo

 

Y Lloré.

Lloré con lágrimas secas

Con mis gritos en silencio

Y mi cariño febril

 

Desperdiciado

Y escuché de nuevo

A mi sangre tocar el piano

Y noté el retorno de mi corazón

 

Bombear para abrazarme.

Esa noche; mi presentadora oficial.

Pude ver a mis zapatillas vacías

Descansar en el rellano de tu sofá

 

Y escribir sin palabras

Una historia de brillos

De lágrimas que no quiero que me abandonen

Que me abandones.

 

Y una lenta música de piano

Me comió

Y mis labios se apretaron

Por que no quería llorar

 

No. Y mis manos buscaban tocar mi nuca

Mi frente. Y mis ojos se apretaron

Para no dejar escapar

Otro lamento fútil más.

 

No quería que fuera lo mismo.

Llorar para nada.

Mis músculos se agarrotaron

Y mi corazón latió fuerte.

 

Estaba sentado, con fiebre

A punto de desfallecer

Cuando una trompeta con sordina

Me desmonto.

 

Desmontando a Miguel.

Y caí.

Y en vez de llegar al suelo

Y estamparme

 

Volé, hasta tocar las nubes

Hasta dormir en tu cabello

Hasta dejarme sentir

Relajarme y así descansarme.

 

Me llevaste a tu casa.

Y yo descubrí mi casa.

Sin paredes, sin angustia.

Sin luces artificiales.

 

Sin excesos.

Y me diste lo que tú querías

Y lo que yo necesitaba

Amor. Tanto amor, que no cabe

 

Descubrirlo

Por que se perdería

El significado.

Después de todo, te lo digo al oído.

 

Y lo entendemos.

 

XXIII

 

Rompí a llorar

Y las lágrimas eran cristales

Y las palabras como navajas

Me afeitaban los pelos de la lengua

 

Me dolió tanto llorar

Ese día

Que me cosí los conductos

Y los ojos se me hincharon

 

El alarido era tan fuerte

Que era sordo

Y me dejó sordo

El silencio de mis cuerdas vocales

 

Los falsos poemas con tinta china

Se desparramaron por el folio

Y una mácula me ahogo

Y sólo me apetecía morder mantas.

 

Cuanta mala sangre borboteaba

Por mi interior. Tanta, que lloré

Litros de letras azules

Sudé por dentro

 

Me corté el pelo (…)

 

XXIV

 

Estrellas, estrellitas

Que me acercáis a mis sueños

Me cuidáis la mía cabeza

Dormís al bruto

 

Al señor, al viandante

Al ogro y al puerco.

Estrellas, estrellitas

Que veo

 

Y del tiempo que hace que no miro

Pero que me seguís cuidando.

Alguna noche

Levanto, harto, la cabeza

 

Y me conectáis con el universo

Lento…

Sutil…

Suave…

 

XXV

 

Hay una persona en mí

La escucho

Y parece que va a reventar

Esperando el momento

Para saltar sobre la orgía

Latente del entorno.

Supuran sus palabras

Verdaderas

Pero son ciertas

Y limpias, tienen tanto que decir

Al ambiente hostil.

Las palabras se descomponen

En mi boca

Quedan sepultadas bajo mi lengua

son ásperas y me hieren.

Y todo por no dañar

A lo que hay fuera.

Y todo por miedo

A lo que hay fuera.

Y todo por excusar

A lo que hay fuera.

Así... Al azar (Parte II)

XI

 

Soy el que moja las fotos,

El que vuela utilizando muelles de plástico

Soy el que lleva a las putas abrigos

De cuero rojo.

 

Soy el que conduce un helicóptero

En mitad de pantanos escondidos

Por bahías perdidas y ruinas romanas.

Soy el que compra a los niños.

 

Al que le roban el coche de su padre,

Al que una diosa de ébano

le pide acostarse con él y le dice que no,

-que esta enamorado.

 

Soy el que olvida con facilidad

Y el que recupera con más facilidad aún

El de los extremos del corazón

El perdedor de sueños sin luchar.

 

El cabizbajo, el callado,

El que para hacer reír, prefiere eructar

El que te pinta con la mano

El que te hace la ola al llegar.

 

XII

 

Una palabra tuya remueve mi tierra.

Una que silba y se escurre hasta mis oídos.

Cualquier título que se te ocurra

Oda a un idiota, Poema al ángel caído

 

XIII

 

Y lloró. Se derramó tanto en las esquinas

Que las cucarachas le denunciaron por hacer humedades,

Y sus manos se tatuaron en surcos de las lágrimas,

Y estas mismas desteñían su cabello azabache en pelo grisáceo

 

Las manecillas descolgadas anclaron el tiempo

Las uñas de sus pies se clavaron en el suelo

Su barba de tres días se hizo, lenta, de cinco

Y en la tele un señor regalaba parejas. Mintió.

 

No le llamaron para saber nada.

Su búsqueda no ofrecía apenas unas anécdotas

Su saber era firme pero limitado

Se dio cuenta, que cuando más aprendió

 

Fue cuando se quebró al tocar

A la persona deseada.

 

XIV

 

Te va a destrozar

No lo sabes

Tu barriga urdirá un plan

Para cuando ella no esté,

 

Te dé gastroenteritis

O algún efluvio interno

Sintomático de infección

De urea, heces o piojos.

 

Te va a desmembrar

Desayunara tu corazón al queso azul

Se duchara con tu sangre

Y partirá vestida con tu piel.

 

Tus poemas serán suyos o sobre ella

Tus dedicatorias saldrán por ti

Cualquier pequeño avance suyo

Será lo que a ti te matará poco a poco.

 

Ella sonríe, se acuesta a tu lado

Le seduce tu cabeza llena de conocimientos

Y ella, tan etérea, tan frágil, bailarina y actriz

Arquitecto y huérfana de padre

 

Te da tanta ternura que pisas por donde pasa

Y besas por donde pisa, y la llenas de besos

Mientras ella chupetea tu codo, quitando con la lengua

Los últimos trozos de carne que restaban.

 

Cuando te quieras dar cuenta

Sonreirás, como un pazguato,

Con tu esqueleto sujetando tu cabeza aceitosa

Mientras la puerta se cierra con un “me voy”.

 

XV

 

Cuando Dafne se enamoró

 

Dejó que su tierna corteza fuera el bello suave y fino

Sus hojas ocuparon toda la instancia como un otoño de cabellos

Las ramas abrazaron al pájaro en llamas

Y los pies trepaban para acercarse a los labios.

 

Atrapó a su objeto de deseo y se transformo de nuevo en árbol.

 

XVI

 

Me mordéis, os restregáis con mi sangre,

Sacáis el más horrísono aullido

Que sale como un hilillo estertor

Que retumba en mis pulmones

Y se queda en la garganta.

Rompedme mi talón de Aquiles

Rompédmelo imberbes calvos inmaduros

Y chupad esa sangre ennegrecida

Vedme como caigo al suelo, solo

Como rezumo tristeza

Como me callo y me desangro

Y como de repente sale sangre roja

Dulce y líquida y me rehago

Me levanto y elevo

No sobre vosotros

Si no a vuestra altura

Sonrío y marcho

Sin odio y sin rencor

Me voy en silencio

Mientras os rasgáis las vestiduras

Por un trozo de carne de mi talón

Como os atacáis por el trozo roto

Uno de los últimos resquicios

Del pasado, de ese montón

Que ya he limpiado.

Creo que hay otros lugares en que se acumulan

Pero ya me encargare de ellos

Ahora ya no miro para atrás

Ni por encima

Ni siquiera de reojo

Ahora sólo acumuláis

Laicos pensamientos

Moralistas, bocazas

Verdes, insensibles

Pedantes y silenciosos

Socarrones inauditos

Voces que solo escuchan una voz

Su propia voz

Que no única

No me saquéis, ni me maltratéis

Da igual. Ya casi lo que rodea

Ese lugar esta lleno de buitres y urracas

Con formas humanas

Rotos y rotas en cinco partes

El ego, su yo, súper-yo, mi mismo y mi ego.

Rotas, rotas, rotísimas.

Adeu-

 

XVII

 

 Saqué algo con sarna

Te lo tire a la cara

Y no lo sentiste

Estúpida retrasada

Lo saqué del bolsillo

Escondida en el puño

Y te lo lance con mala cara.

Después me dijiste

Que es eso

Que me has tirado, capullo

Y te dije

Es amor, que para ti

No vale nada

Para ti vale el dinero

Lo que pago y recibo

El entierro de solo te tengo a ti

Y tu retraso.

 

XVIII

 

Las exigencias del guión me exigen

Volver a ser lo que era,

Tengo un obstáculo epistemológico

Y quizás es miedo a no saber

Que hay detrás del salto al vacío.

Pero entonces tu cara se asoma

Y me sonríe

Y no me da miedo saltar.

 

XIX

 

Como decía Sabina esta “fabrica de tristezas”

Me obliga - Comer seis lexatines al día

Para cuando me invada la ansiedad

Pensar que no importa tanto.

 

Me obliga- para dormir y disfrutar el aquí

Y el ahora: diazepam raciones

Nocturnas de media pastilla

Cada cuatro horas.

 

Me obliga - no descansar

Tarde tras tarde

Y antes de cada sesión

Llamar al Samur por el desmayo.

 

Me obliga – Suicidarme en sesiones

De cuarenta y cinco minutos

Semanales. Matar a los padres

Mientras me mino por dentro.

 

Me obliga – A sentir lo desconocido

Una y otra vez, formando

Poco a poco un dolor somático

En la parte derecha.

 

Todavía no conozco

De esta fábrica de tristezas

Una sola razón

Que me haga dudar.

 

Moribundos, drogadictos,

Hipócritas, masoquistas,

Sádicos, enfermedad venérea

Era todos. Los era. En realidad.

 

Ahora sólo estoy descafeinado.

 

XX

 

Las palabras me abrieron las puertas

De la boca. Sin mucho esfuerzo

Se fueron descolgando por el labio

Hasta llegar a la nuez y acampar ahí.

 

Formaron un campamento

Hicieron fuego, clavaron anclajes

Y colgaron su ropa al viento

Que genero el caminar diario.

 

Poco a poco formaron una civilización

Pequeña y sutil. Fueron adoptando otras

Palabras que se descolgaban de las bocas

De los demás. De diferentes razas

 

De diferentes fonaciones, frases enteras

Y nexos únicos. Un lugar donde la gente

Se alargaba y se encogía

Crecían en las vocales y se encorvan en los hiatos.

 

Un día, en esos ropajes al que ondeaban al viento

Subí a conocer el campamento de mi madre.

Pero ella no tenía nada más que marcas de fuego.

Sólo veía bombear un chorro de circulación.

 

Me dijo, como es ella, dulcemente

Que había guardado todo su campamento

En una carta en el buró de mi padre.

También me invitó a leerla.

 

Allí, tras las capas de pintura blanca desconchada

Debajo del cristal, punto detallista,

Una delgada línea de polvo, que mi campamento

Hace desaparecer moviendo los puntos de las ies.

 

Después de descorchar la carta

Vi todas las letras que se habían descolgado de su garganta

Todos sus sueños, todas sus lágrimas,

Su amor, su afecto y su necesidad

 

Su sacrificio, su felicidad y su ira,

Las personas que amo,

A las que odio

Dibujadas en letras

 

Rellenando de significado

Las palabras más pequeñas:

Hijo, hermano, silencio,

Amor. Te quiero.

 

Tú tienes un nudo en los ojos enredados en mí

Yo enlazado, prendido en tus redes,

Entretejido en tus venas

Entretenido con tus ¡¡mimos, mimos, mimos!!

 

Revuelto, inquieto e incluso aturdido.

Soy un bulto sospechoso

Agarrado como un koala

Y defendido para que no te des cuenta.

 

Señorita mía…

Soy suyo.

Soy tuyo.

Solo.

Así... Al azar Parte I

I

 

Risa... que ya no sales

Lengua que cuelgas

Entre el abatimiento del último cigarro

Y la sorna del paso

 

Tu sombra, es mas rápida que tu

Tira de tus pasos

Ya que tienes alma de asno viejo

Y unos párpados sin sangre

 

Buscas en las fotos

Unos labios que se marquen.

¿Te acuerdas como tus besos

Se tatuaban en mi piel?

 

Ahora dejas las grietas de tus labios

En la cama, como huellas en cemento

Y por mucho que las riegues

O las llenes de lágrimas, no desaparecen.

 

Tardaste demasiado en posar

En abatir el molde que te hacia vieja

Punzar los poros de l tegumento hueco

Anclado lentamente por el tiempo.

 

Ya dije, en tu alma inquieta,

Que era, tu sonrisa,

Y  tus dedos, cosa

Del pasado.

 

II

 

Lo único seguro que tengo es el suelo

Lo que puede sujetar mis pies

Y lo que me ancla a la tierra

 

Para ofrecerte no tengo nada más

Ni mis palabras, ni unos míseros versos

Ni manos que transparenten mi sangre

 

Lo único seguro que tengo es el suelo

Que me sujeta

Por que rodeado estoy en un mar

 

De lágrimas por la perdida de la juventud

Por el siniestro oscurecer de las mentiras

Que salen de los labios trémulos, tenues

 

Insípidos y laxos. El sol se esconde en la tierra

Y los orificios entre las nubes brillan

Hasta que ya no hay sol

 

Hasta que este se estrella contra la tierra

Hasta que el temblor del mundo

No cabe siquiera en mi boca

 

Y mis dientes caen retorciéndose doloridos

Desesperados, aullando una respuesta

Ante lo desquiciado y anodino

 

Lo único seguro,

Es el suelo, la tierra,

Que me sujeta y me siento ingrávido

 

Como sacando de los bolsillos

Las bolsas de plomo dolorido

Y despegándome de lo hediondo de la tierra.

 

III

 

 

Me aburres

Tanto como los besos

Como la espera al ticket

Que me llevara al nuevo turno

 

A esperar al siguiente

Me aburres

Con tus estrategias para que te vea

Lo sufridora que eres

 

Tengo la sensación de que aburres

Al aburrido de naturaleza

E intentas romper esa muralla

De terror a no sentir

 

Tras todas esas lagrimas que te dices

Que si tu corazón derrama demasiado

Que si tu escritura llena de sangre

Inundaría los ríos mas grandes

 

Tal es mi abatimiento ante la vacuidad

De ti, de tu piel, de tus erizos como vellos

De la picaresca arpía con veneno por arma

Que este es el ultimo poema que te escribo.

 

IV

 

Oye, tu, donde están los clavos que me dijiste

A los que te agarrabas languideciendo

Y tu lengua se quemaba

Sin apenas rozar la vida?

 

Dime, en cuantos intentos quisiste tocarme

Cuantos descansos entre tiempo y tiempo

Te diste para que me diera cuenta

Que rabia o pasión te movió para estar inmóvil?

 

Quisiera saber por un segundo de mi vida

Si sacrificaste el artificio en rededor mia

Para hacerme entender

Lo curioso del latir libre?

 

Eso, y si vaciaste las almas de tu pasado

Si cortaste enredaderas de palabras

O te acostumbraste a este estado

De gastarte tras la calima del silencio

 

Dentro de tu coche, o de tu casa,

Tras de miles de copas y cigarros

Que consumiste sin ninguna piedad

Anclada al humo de mi tubo de escape

 

Que mirabas desde lejos,

Como en una ciudad

Llena de velas

Que se apagan al anochecer

 

Si cambiaste la piel

Por una piel mas frágil

Casi débil

Casi estéril, casi humana?

 

Si te diste cuenta

Como las manos se mancillaban

Intentando atrapar tus gritos desolados

Tus lagrimas funestas

 

Como las enlazaba en mis besos

Y se me escapaban entre los dedos

Y como mi corazón se hundía

Tras verlos acudir al cielo

 

Y mirarme desde arriba

Como el segundo postre

O el tercer plato

De tus desorbitadas exigencias.

 

Casi escribes un poema de adiós

Casi tiraste la toalla

Casi pecaste de ingenuidad

Casi me aireaste por el desagüe

 

Casi me dejaste caer rodando

Casi me tapaste con el cubo de basura

Casi me obsesione con la cuerda del tendedero

Casi me voy por los dedos

 

Casi te ausculto el cansancio

Casi te martirizo el chacra terrenal

Casi te escucho entre los hilos de mi cabeza

Casi dejo de plantar canela

 

Señora mía, aquí me quedo. A tu lado, y sin miedo.

 

 

V

 

Quede un cuarto de hora sin estar aquí

Coleteando con la lengua en la lluvia

Jugué a mirar el reloj

 

Me enganche al vértice de la manecilla

Y, distraído, un escalofrío me hundió

El costado al sentir tu voz

 

O un principio de ella

Con un tono peculiar, casi insomne

Susurrando en mi lóbulo

 

“Un día de estos voy a reventar

De quererte tanto

De soñarte a todas horas.”

 

VI

 

No es la caída del pelo

Lo que te delata.

La osadía, la tentación joven

La virguería verborreica

 

Tu comisura que se alarga

La liana de tus labios

Donde los vómitos

Te salen en forma de piropo

 

“Quiero desayunar tus dedos”

“Jugamos a que te busco a oscuras”

“Bésame hasta luna llena”

o mi preferido “ Te quiero”

 

Panzón y seductor,

Con valentía 

Filosofeando

Cual sofista cabreado.

 

Señor mío: Tus delitos

Son delatados

Por las sonrisas enlatadas

Y tus ojos de látex almidonado.

 

VII

 

Yo, que iba para poeta maldito,

Para fracasado vomitando en el baño

Que ya me hacia abrazando farolas

 

Llorando en un descampado

Mientras una muchedumbre me echaba

A veces piedras

Y otras comidas.

 

Yo, el que era exclusivamente yo,

Arrastrando el alma

Y sanando mis pies

Corriendo muchas veces por correr.

 

Yo, que me guardaba el corazón

Detrás del tórax

Que insuflaba bolsas blanquecinas

Y fumaba a paquete por diente

 

Yo, digo, el incomprendido

Salido de las catacumbas del dolor

Acusado, minado, vilipendiado

Asesinado, vampirizado, enloquecido

 

Yo, que sentía más que cualquier humano

Mas instintivo que un bebé

Con tantas corazas y miedos,

Tantos surcos en la piel y los ojos,

 

Piojo, analfabeto, yonqui,

Asediado por los fuertes,

Criticado por envidiosos,

Perdido en montañas de mujeres.

 

Yo, ESE, el grande,

Me pongo frente al espejo

Cogido por dos manitas pequeñas

Y unos labios que me dicen :

              

Tú-no-e-res-a-sí

Ni poeta, ni acróbata

Ni pernoctador

Ni enfermo. Déjate de tonterías.

 

VIII

 

Un clavo saca otro clavo

Aunque yo no lo tenga,

Te lo pido

Por si tienes uno de reserva.

 

IX

 

Quieres tocar fondo.

Se que quieres.

Los trozos de pizza frío

A las seis de la tarde

 

Beethoven de fondo

Mientras se te cierran los párpados

La mandíbula se encaja

Y las paredes se oscurecen

 

Se que quieres

Dejar de ver tele anuncios

Sacudirte las pocas neuronas

De polvo que roen tus huesos

 

O que el ruido en tu cabeza

Deje de taladrar tu cerebro

Y que tus venas bombeen sangre.

Pero quieres tocar fondo

 

Que te asfixien las dudas

Los miedos, los cojones,

La mediocridad

Que te bajen a las minas

 

Lloriquear por el amor perdido

Beber hasta no poder más

Ser un insondable ser característico

Recordado, mugriento, perdido.

 

Quieres ser un puzzle

Quizás un skecht

De la vida es teatro.

Un número y reconocerlo.

 

Se que quieres

Tocar fondo.

Aunque se que quieres

Lo que realmente quieres

 

Es querer

 

X

 

Anoche se me caían los dientes

Mientras el humo del cigarro acariciaba mis labios.

En principio nadie se dio cuenta

Solo yo, que supe disimular.

 

Una muela se descolgó con sed de libertad

Flirteó pesada sobre mis manos

Hasta que pude esconderla.

 

Seguía fumando, y oía a mis compañeros farfullar,

Entre dientes, palabras que vagamente intuía

Preocupado más por mi sonrisa, que por su lengua.

Rocé con un dedo y apretando los dientes

 

Aquel que no esta hermanado, el que sale de lo establecido

Que busca libertad. Apenas hubo un mísero segundo de contacto

Cuando se abalanzó suicida al suelo sin hacer ruido.

 

Lo atrape con el dedo gordo, cogido fuerte, para que nadie lo viera,

Pero el visor de cámara ya lo había hecho.

Sin permiso me volé al baño.

¿Qué demonios pasa, joder?

 

Otra muela se arrojó sin agarradera al baño,

Se lanzaban una detrás de otra: cuatro, cinco, siete

Algún incisivo y tres caninos.

 

Se escapaban entre mis dedos,

Huían por el desagüe

Alcanzaban el agujero negro, dejando otro detrás.

No pude sostener más que tres muelas.

 

Veinte dientes. Veinte perlas amarillas me abandonaron

Y los otros, mugrientos, con sangre y sarro, se pudrían.

Sonreí ante el espejo. Dios. Creo que por última vez.

 

La Latina (I)

Puede que ya sea hora , querido mio,
de que dejes de apestar
con tus alientos alienados
 
nuestro ambiente.
Ya es hora querida sombra
mía de que te canses
 
de seguirme y agotarte
preguntando por que el sol
me da de cara
 
y tu te ensombreces
te vuelves gris
y te mueres lentamente.
 
Puedes, con tu corazón,
dejar de bombear terror anodino
y empezar a sonreir.
 
Ni frases, ni charlas,
ni ponerte limites, ni pollas en vinagre.
Es hora de que comas y dejes comer.
 
Basta. Que algunos estamos cansados
de que lo etereo pese,
pese a su inoperancia visceral.